lunes, 19 de julio de 2010

15 MINUTOS DE FAMA

Encuéntrate esta noche rompiendo las ventanas.
Entra a tu bar favorito y destruye todo el estante de licores
Paga con la tarjeta de crédito todas las prostitutas que quieras
Derrama tu ser en lo más profundo de una cañería humana

Una vez hecho esto reúnete con tu antigua alma gemela e insúltala
Repróchale el haberte dejado por otro ser inferior a ti
Húrgale la llaga más abierta que tenga y riégale sal
Luego trata de engendrarle un hijo bastardo

Días después vete de la ciudad donde habitas
Móntate en un avión a la ciudad más decadente de este globo terráqueo
Desocupa tus ahorros, saca la herencia de tu familia y róbale a tus padres
Gástate todo el dinero en cocaína de la mas alta pureza

Regresa nuevamente a tu ciudad pero con una prepotencia celestial
Ya conoces los límites. ¿Que mas te falta por conocer?
¿Tal vez una muerte segura?, ¿tal vez una enfermedad Terminal?
Alquila un cuarto de hotel

Pide room servicie y escoge una esquina como vomitorio
Atáscate de todo lo que puedas, y pide licor para pasarlo
Invita a todas tus amistades al cuarto de hotel
Recomiéndales que traigan sus cámaras fotográficas.

Una vez la fiesta este en su furor, sobrepásate con los cuerpos de las invitadas (os)
A tu compañera de trabajo que siempre has deseado, cogele el culo y las tetas
Invítala al baño del cuarto de hotel y desvístela
Tiratela en la tina, con la ducha abierta y en el lavamanos (no uses condón)

Abre la puerta del baño con rabia y manda a callar a todos los comensales
Busca en el ipod Marquee Moon de Televisión
Dale play
Pídeles a todos que saquen sus cámaras para tener una foto de recuerdo

Cuando todos saquen sus cámaras, tu, gentilmente vas a desnudarte
Observa como todos los invitados estupefactos se quedan viéndote
Dirígete a la ventana del cuarto del hotel
Párate en la rendija y diles que disparen sus cámaras

Mañana seguro vas a ver como más de tres mil personas tiene tu foto en Facebook.
Ya puedes morir con tus quince minutos de fama, y con una banda sonora digna de tu patético final.

domingo, 4 de julio de 2010

LA NOCHE CON EL DEALER

LA NOCHE CON EL DEALER


“ los nombres de los personajes y algunas direcciones han sido cambiadas para resguardar la identidad de los involucrados en este texto “

Fernando Martínez es un hombre que puede pasar desapercibido para muchos de nosotros. Por la mañana, él asiste a una reconocida universidad de la ciudad de Bogotá, por la tarde, él se reúne con sus amigos o con su novia y, por la noche, él sale a tomarse unos tragos para compartir con otros amigos. Ellos no son realmente sus amigos sino sus clientes.

Viernes por la tarde... Fernando debe salir por un momento de su casa, para reunirse en la esquina con un desconocido. Éste llega en un Chevrolet Corsa Blanco que parece más un taxi de hotel. El desconocido le entrega a Fernando varias bolsitas Ziploc selladas que contienen gran cantidad de anfetaminas, perico y una que otra dosis de H. Uno no sabe cómo terminará la noche... –asegura Fernando–. El hombre regresa a su casa, hace varias llamadas de rutina para informar a sus clientes, pues él ya tiene varias mercancías y, como todo buen vendedor, sale a VENDER al instante.

18h,30 … Durante el lapso en que hemos estado en casa de Fernando, él ya ha esnifado cuatro líneas bastante cargadas de perico y dos whiskeys, para bajar el embale supuestamente. Y nos recuerda: pase lo que pase no hay que dar boleta ni en la calle, ni en el carro, ni en cualquier sitio. Este hombre, antes de salir de su casa, come un Chocorramo irónicamente, porque según él, le dan bajonazos de azúcar y tiene que cuidar su salud. Extrañamente, yo no me explico cómo Fernando hace para pasar por su garganta un Chocorramo después de cuatro líneas de perico.

Fernando tiene un mazda 626, modelo 95, regalo de su padre a cambio de terminar una carrera universitaria (cosa que aún está por hacer después de ocho años de vagar por diferentes universidades) en el cual salimos para vender sus mercancías. Minutos después recogemos a una mujer que aparenta ser su novia. Ella es bastante callada, le gustan las chaquetas de cuero y los jeans entubados. Fernando, una vez ingresa al carro, le da a guardar muy comedidamente todas las bolsitas Ziploc a su novia, pues la policía muy rara vez requisa a las mujeres, Una táctica bastante clásica, pero infalible. En pocos instantes estamos en un Stop & Go de la carrera séptima con calle setenta. Fernando pide otro Chocorramo, pero esta vez con una lata de coca cola. Él paga sus productos, se los da a su novia y se dirige al baño. Con un guiño nos hace entender que esnifará nuevamente.

Su novia, que por una extraña razón paso de ser bastante callada a emotivamente cariñosa conmigo, me pregunta acerca de mi vida y porqué le hago esta investigación a Fernando. Yo le respondo de manera instintiva, pero ella ya está en la caja comprando una botella de ron y pide dos vasos plásticos. No obstante, ella continúa la conversación. Le pregunto porqué no ha pedido otro vaso para Fernando. Pero ella responde muy callada y sorprendida: «Fernando no es mi novio; somos socios en esto».
En medio de una conversación bastante superficial, timbra de repente el celular de Fernando. Él contesta bastante reservado y frió; copia una dirección y dice con una gran sonrisa en la cara: esto se compuso…

Nos levantamos de la mesa pequeña donde estábamos, nos dirigimos hacia el carro, él le dice a su socia que le saque tres bolsitas Ziploc llenas de perico, no sin antes robarse un poquito de cada una, para esconderlo detrás de la manilla para abrir la ventana. Mientras vamos de camino al sitio de la entrega, le pregunto a Fernando sobre nuestro cliente. Él con una voz bastante grave y seria dice; «es un güevoncito de 18 años que apenas se está graduando; el chino es medio tonto y se las da de jonky pero… ¡Puff…que va! Ese es un babosito que todavía le ponen horario para entrar a la casa, igual es al que más le cobro por una bolsita».

Entre tanto, después de varios semáforos en verde, en la esquina pactada con Fernando y su primer cliente, se observa un grupo de tres niños que no aparentan más de diez y ocho años. Uno de ellos tiene puesta aún –extrañamente– la chaqueta de su colegio y su uniforme completo, lo que hace constatar la poca edad de estos consumidores. Otro de ellos se acerca con una mirada bastante nerviosa a la ventana del carro de Fernando. Éste de manera muy fría y tosca, le pregunta ¿qué quiere? El joven con un gran nerviosismo que emana de su boca y con un cigarrillo en una mano y un billete de cincuenta en la otra, le pide a Fernando una bolsa de perico. Fernando se la entrega y, después de darle la espalda y entregársela a uno de sus amigos, el joven decide pedir otra bolsita más.

Fernando, de manera muy natural y como si se encontrara en una plaza de mercado, le hace entender al chico que si compra una bolsita más, le deja cada una a treinta mil pesos. El joven nos da la espalda y después de una corta conversación con sus amigos, deciden comprar una tercera bolsa por el valor ofertado. Fernando sabe muy bien que cada bolsita no cuesta más de diez mil pesos, pero en palabras de él «estos chinos son muy pendejos».
Terminamos la transacción y, en cuestión de cinco minutos, Fernando obtuvo una ganancia superior al ciento por ciento sobre la inversión de las tres bolsitas. Se gira y con una gran sonrisa en la cara dice: «si la noche sigue así, nos tomamos una de wisquey cuando terminemos de trabajar».

Ya hemos dejado el recado al primer cliente. Fernando, con gran sonrisa, y su socia esperan que más les dé la noche. Mientras tanto, yo les hago preguntas sobre su pasado y sobres sus temores. Fernando estuvo cerca de la cárcel, irónicamente, cuando tenía 17 años porque lo pillaron bebiendo en un parque a la vuelta de su casa. «Recuerdo que mi papa llegó emputadísimo a la Estación de Policía, donde me tenían, y me dio una cachetada en frente de los polis y, me dijo: si te vuelvo a ver en esas, te mando a Bucaramanga con tus tías».

Mientras la conversación fluía, su socia abría la botella de ron que había comprado horas antes en un Stop & Go. Ella sirve un trago para mí y otro para sí; Fernando pasa de esta ronda porque conduce y prefiere evitar cualquier problema con la ley. Y mientras me cuentan su pasado, en cuestión de segundos el celular de Fernando y de su socia timbran de manera estrepitosa, como si éstos fueran un Call Center. Fernando recibe un mensaje de texto y su socia contesta una llamada. Por un lado, el mensaje de texto nos indica que nuestro próximo destino es Chapinero (costado nororiental de la ciudad); y, por el otro, la llamada nos remite a la calle ochenta y tres con carrera catorce.

Por tanto, Fernando decide ir primero a Chapinero, pues sabe que a este cliente no debe hacerlo esperar: «A este otro loco lo conocí en una universidad donde estudié; sabía que tenía plata y vivía más que bien. Iba siempre a la moda y rodeado de gente como de la farándula. Además le gustan los hombres; es el perfil perfecto de un buen consumidor moderno». Llegamos a un apartamento de un edificio nuevo en Chapinero, calle 63 arriba de la carrera séptima, en el cual Fernando y su socia pasan de ser unos vendedores de drogas arrogantes y pedantes a todas unas grandes personalidades del área. Todas las personas aglomeradas allí, los saludan con abrazos emotivos y besos. Hay muchos hombres y pocas mujeres; la música que suena de fondo, nos da a entender que la fiesta ya había iniciado horas antes.

Fernando se acerca a quien es el dueño aparente del apartamento. Habla un buen rato. Posteriormente, el dueño saca ciento veinte mil pesos de su bolsillo trasero en cuestión de segundos. Pero en esta ocasión cada bolsita ya no cuesta más de treinta mil pesos, sino que su precio se disminuye a veinticinco mil pesos: «este loco es uno de los clientes más fieles que tengo. Además, siempre que lo visito, me trata como si fuera su amigo y no un vil vendedor de pepas y perico». Con una sonrisa cada vez más grande que la anterior, Fernando, su socia y yo salimos del concurrido apartamento, no sin antes encontrarnos en el ascensor con dos mujeres muy atractivas que saludan a Fernando muy emocionadas, pues saben que su visita a cualquier sitio es sinónimo de fiesta.

21h,00… En cuestión de tres horas, Fernando ha hecho doscientos diez mil pesos; casi la mitad de un sueldo mínimo. Pero si le descontamos a esa cantidad de dinero el Chocorramo, la Coca-Cola y los treinta mil pesos que ha pagado por la gasolina, el hombre ha ganado ciento setenta mil pesos, libres. Nada mal para un trabajo de tres horas, ron y buena compañía.

Nuestro destino siguiente es la calle ochenta y tres con carrera catorce, de acuerdo con la llamada que recibió Fernando vía celular. Quedamos de encontrarnos con el comprador en la esquina de un concurrido club del sector. Pero en este caso, Fernando parquea su carro en un lugar cercano, saca toda su mercancía y nos lleva al sitio de reunión. Sus clientes pasan de ser de adolescentes y gays, a jóvenes universitarios de veintidós o veinticuatro años, según su apariencia. No son simples clientes, ellos son sus amigos de rumba. Fernando, su socia, cinco personas más y yo entramos a un concurrido club del sector, pues hay una conocida fiesta con un Dj famoso.

Fernando me compra la entrada al sitio y una cerveza. El sonido dentro del lugar es ensordecedor, pero de igual manera entramos al lugar. En cuestión de segundos hay detrás de Fernando y su novia tres o cuatro personas que los buscan desesperadamente para comprarles cosillas. Desde la distancia observo cómo se posiciona Fernando en una esquina del establecimiento y su socia en otra, con lo cual varias personas se les acercan y se van rápidamente de manera muy disimulada y discreta.

Obviamente la transacción es más rápida y menos hablada, cada uno sabe lo que quiere y Fernando lo tiene. Él no baila, su socia sí comparte con quien parece ser un conocido de ella y yo, mientras tanto, estoy parado en la barra observando esa masa humana que parece no dejar de bailar en toda la noche.

El tiempo transcurre y a lo tonto hemos estado casi una hora en ese club. Fernando se acerca a su socia y ambos se dirigen hacia mí. Me comentan que ya está muy lleno el lugar y la gente ya está muy frita. Por tanto, nos largamos de ese a otro club del sector. Salimos, caminamos dos o tres calles más hacia el norte de la ciudad y Fernando me compra de nuevo la entrada al lugar. Me pregunta si quiero algo más. Yo le respondo muy amablemente que estoy bien así, con lo cual se repite la rutina de esquina a esquina.

El target de sus clientes es bastante variado en este lugar; hay universitarios, adolescentes, personas muy adultas y muchas mujeres con vestidos, senos grandes y muchas operaciones en su rostro, acompañas obviamente de uno o dos hombres de quienes prefiero evitar los comentarios que genera su aspecto.
Minutos más tarde, Fernando se me acerca y me presenta ante sus amigos. Ellos parecen ser buenas personas, compartimos un buen rato con ellos.

Son estudiantes de una de las más prestigiosas universidades de Bogotá, y están en sexto y séptimo semestres; unos de arquitectura otros de artes y uno que otro de diseño industrial. Dos de ellos me comentan que han estado en centros de rehabilitación, pero éstos les han hecho más mal que bien: «es un mito eso de los centro de rehabilitación, pues son una mierda. Eso es como para chinos que quieren hacer show y decirles a sus amiguitos y novias de su pasado de malos y rebeldes. Las veces que entré, salí más vuelto mierda que cuando ingresé. Ahora no consumo nada y lo dejé gracias a mi novia»; comenta uno de los amigos de Fernando, quien está a punto de graduarse de diseñador industrial; vive solo con su novia y trabaja en una firma de diseñadores interiores.

De esta manera la noche transcurre con una gran satisfacción en el rostro de Fernando. Ya entrados en copas, él me confiesa que a su socia yo le parezco muy interesante, con lo cual esto me hace sonrojar un poco. Yo le comento que tengo pareja e hija, así que es mejor dejar los santos quietos. Tres horas más tarde salimos del último club; las hormonas esparcidas en el aire, el licor y las drogas hacen su efecto en Fernando, su socia, y, por supuesto, en mí. Además, se nos unen dos amigas y un tipo del cual prefiero evitar comentario alguno.

Aunque Fernando y su socia no quisieron divulgar la suma exacta captada durante esa noche de trabajo, yo asumo que Fernando tiene en su bolsillo mas de tres millones de pesos, de los cuales, la mayor parte le quedan libres para sus gastos personales, invitarnos a dos botellas de whiskey en su casa y, terminar completamente inconscientes a ritmos de 128 BPM, estridentes, incitantes y bastante acelerados.
De las seis personas con las que regresamos a casa de Fernando, dos están semidesnudas en la sala sin ningún pudor tocándose todo el cuerpo; una de las mujeres está inconsciente en el baño. Fernando ya está enclaustrado en su cuarto y, yo, me he quedado con su socia en la cocina, esperando a que amanezca con un vaso de whiskey en la mano y trato de recordar paso a paso lo que sucedió esta noche, para poder escribir estas líneas.

“ agradecimientos especiales, Ricardo Guantiva “

ENTRE LAS TETAS Y EL CULO

ENTRE LAS TETAS Y EL CULO.

No quiero pasar por machista, pues los que me conocen saben que no lo soy. Ni mucho menos quiero que un grupo de féminas iracundas, de esas que hacen manifestaciones en la calle por los LGBT, me ataquen por mi posición. Pero seamos francos, los hombres preferimos entre tetas y culo.

He conocido mujeres hermosas. De facciones perfectas, labios sensuales, ojos encantadores, cuerpos esculturales y modales de primera. Pero siempre hay algo que desvía mi mirada de todas esas cualidades. Un buen par de tetas.
Y si. Es cierto, nada más encantador que una bella mujer, pero un buen par de tetas, y su complemento perfecto, un buen culo, matan todo.
Al igual que ellas prefieren los hombres de brazos grandes, y cuerpo en forma de cono, nosotros tenemos nuestras preferencias.

Conozco a muchos hombres que se emocionan al decir que lo primero que le vieron a su pareja, fueron los ojos.

– es que no se imagina los ojos tan hermosos que tiene esa mujer “ - ,

Escucho con gran elocuencia y galantería, pero que va. Cuando la mujer en cuestión sale con un escote prominente, y un trasero bien formado, esos ojos de princesa encantadora se van para el carajo. ¿ O me van a decir que cuando ven a la misma mujer de ojos divinos, en un vestido de baño, al lado de una piscina, con un buen par de tetas, usted se le queda viendo a lo ojos ?. Y ojo, por que si la mujer en cuestión tiene gafas, usted no tiene mas opción para donde mirar. O son tetas o es culo.

Pero mucho cuidado. Un buen par de tetas y un buen culo, no siempre son sinónimo de una bella mujer.
Por ejemplo; si usted esta en un bar, y remata su mirada a la escultural mona de la esquina, la cual esta rodeada de hombres de dudosa procedencia, puede que quede flechado inmediatamente de esas bellas tetas postizas, y ese culo de infarto. Pero las implicaciones morales, sociales y hasta físicas pueden no ser tan agradables.

Primero: si usted confirma que la mona de la esquina no esta rodeada de traquetos con locales en SanAndresito del Norte, puede que sea la mujer de su vida. Pero en el caso contrario, si los acompañantes, efectivamente, tiene local en SanAndrestio, andan en Mazda 6 y no pasan de los 1.60 metros de estatura, olvídese de la espectacular mona con tetas prominentes. Pues posiblemente, usted, termine reventado, echado del bar, y en el peor de los casos, en un proceso de Justicia y Reparación, exiliado en Francia.

Segundo: supongamos que la mona de la esquina, esta acompañada por sus parientes de Girardot, y no de traquetos. En ese caso usted puede ver ese espectacular par de tetas, tirarle par de líneas matadoras, invitarla a un trago, y terminar la faena en su casa. Al otro día usted esta flechado. Tiene un par de tetas increíbles en su cama, un culo espectacular, que se ve aun mejor mientras se bañan, y para completar, a usted le da por tener la estupida idea de invitarla a comer con su familia. Detengas y piense una vez mas, pues ese par de tetas y ese culo lo pueden estar haciendo cometer un grave error.
La mona de la esquina aparece con una falda de lentejuela dorado, tacón de 10 cm puntudo, y el escote prominente con el cual usted se enamoro. Si su familia es bien goda, de derecha y Uribistas, destrozaran a la mona de la esquina que con tanto amor usted a invitado. En el caso de que no sean tan Uribistas, los comentarios no serán tan católicos, pero igual la destrozaran, pues creerán que usted se cuadro con una puta que le quiere sacar la plata, y extorsionar a su familia.

Tercero: su familia destruyo a la mona de la esquina, usted quedo apenado y avergonzado, pero usted insiste que ese par de tetas y ese culo, serán los que vera el resto de su vida y criaran a sus hijos. Es hay, cuando usted decide dar un paso mas y la invita a la finca. Preferiblemente que sea en Mesa de Yeguas, Sasaima o El Rosal. Si usted tiene finca en el Peñon, Girardot o Melgar, absténgase de llevarla. Pues es bastante probable, que la mona de la esquina ya conozca cuanta urbanización, casa quinta o condominio que exista en estos tres lugares, tanto por su cercanía a Bogota, como por los dueños y visitantes que acostumbran este mágico y paradisíaco veraneadero, de estilo nuevo rico acomodado con ínfulas de mafiosos mexicano.

Ya estando en la finca, usted se dispone a sacar ese caballero que lleva dentro; acomoda todo a la perfección, le pide a la empleada que se tome el fin de semana libre, prepara una deliciosa cena, saca una botella del mejor trago que tenga, y remata con una idílica cita en el jacuzzi. En medio de la conversación, de una buena tanda de besos y caricias típicas de la ecuación (jacuzzi (+) trago), la mona de la esquina del bar, que usted tan idílicamente ha visto por mas de 3 semanas, la invito a comer con su familia, le ha abierto su círculo social, y hasta le ha prestado su carro, sale con una frase como….

– “hay papi… por que no se pide un pollito a domicilio y no lo comemos en el yacutshi,, es que tengo un abre tenazzz“ –

Es en este momento cuando usted reacciona, y recuerda lo que su familia, amigos, y ex novias le estaba recalcando todo el tiempo. Y aun que usted se siente estúpido y anonadado por dejarse llevar por ese par de tetas, y ese culo, lo importante es que entendió, que posiblemente, ese par de tetas y ese culo, el de la monita de la esquina en el bar, no valían la pena.

Es por esta razón, que para terminar insisto y aconsejo, que me encantan un buen par de tetas y un buen culo. No me importa nada mas, pero eso si, mucho cuidado con que par de tetas y culo se esta metiendo, por que si son de silicona, falsos y mal acompañados, puede que a su matrimonio asistan personajes del calibre de Abelardo de la Espriella, La Negra Candela o Tatiana de los Rios. Y para rematar sus padrinos de matrimonio, con seguridad serán, Pablo Ardila y Ana Karina Soto.

POR QUE LAS PREFIERO….. PUTAS

POR QUE LAS PREFIERO… PUTAS

Hace unos días, reunido con viejos y nuevos amigos, y bajo el candente estupor que generan varios Martinis, en las lenguas de los comensales, llego a la mesa un tema infaltable en esas conversaciones de borrachera. Un tema que para, a algunas y algunos, que estábamos reunidos en la mesa nos hizo poner un poco incómodos. Y no incómodos por que fuéramos godos mojigatos asolapados. Nos hizo poner incómodos, pues en las miradas delatoras de los reunidos, sabíamos que estaban hablando de dos o tres de los presentes. Y peor aún, se estaba poniendo al descubierto que a esos dos o tres presentes, les encantaban las relaciones con las viejas o tipos PUTOS ( AS ).

Ojo. Que cuando me refiero a PUTOS y PUTAS no estoy hablando de la honorable profesión de la prostitucion. No. Simplemente estoy hablando de esas personas que al rebozar las copas de licor, empiezan a ponerse mas efusivas, mas candentes, a escupir mientras hablan a manosear el cuerpo del primer incauto, a repartir besos y cogidas de culo a diestra y siniestra, y eso si, siempre prestos para rematar la faena de cortejo en la casa del que de mas papaya.

Y es que hay que ser sinceros. No conozco al primer ser humano conciente y racional que diga, o que por lo menos acepte públicamente, que le encanta que su pareja sea la mas puritana y santa del mundo. Seamos realistas, y aceptemos de una buena vez por todas que nos encantan las relaciones con personajes fáciles, nada de cursilerías ni guizadas. Que el cortejo no se alargue a llevada de flores, cajita ñera de chocolatín barato, serenata de vallenateros contratados en la Caracas con 53, y en el peor de los casos, tatuaje con el nombre del enamorado en la muñeca o brazo, eso si, con letra bien guiza.

No. Nos encantan las relaciones fáciles, donde después de tres polvos ya las cosas se formalicen, para que en el cuarto polvo, el sesenta y nueve ya no sea una posición para sonrojarse, sino una obligación constitucional y derecho sexual en la cama.

Eso si, hay que tener muy en cuenta con que clase de PUTA o PUTO nos estamos metiendo, por que del dicho al hecho hay mucho sexo.
Por ejemplo, si usted se encuentra con sus amigos y les comenta de la siguiente manera;

- “ MARICA… me cuadre con juanita Macias “ –
-Y ellos responden-

-“ NO JODAA.. se cuadro con LA PUTA MACIAS , mejor conocida como FACIL MACIAS “-

DETENGASE INMEDIATAMENTE y sea conciente que usted no se esta metiendo con una PUTA o PUTA. Todo lo contrario. Estos personajes que tienen una fama reconocida de PUTO o PUTA en su vida, por lo general, son simples mal entendidos de contexto. Tuvieron épocas pasadas con mucho aguardiente en la cabeza, y no saben distinguir entre la algarabía y la estupidez. Recuerde que un PUTO o PUTA es prudente, y de bajo perfil, solo actúa cuando es estrictamente necesario. Además este tipo de PUTO o PUTA, por lo general es mucho bla bla bla y nada de nada. PESIMOS EN LA CAMA, recatados con el sexo y hasta mojigatos en muchos aspectos. Terminara usted teniendo una relación, donde los almuerzos en familia se vuelven una obligación el domingo, paseo familiar incluyendo a primo, prima, abuelo, abuela, tío, tía, empleada, perro y gato, y donde usted se convertirá en el centro de atención de la familia de su pareja por ser tan galante y caballeroso; cuando en verdad lo único que usted quiere es emborracharse y tirar con su pareja en el baño de los abuelos. – Por cierto, si usted se mete con este tipo de PUTO o PUTA olvídese de esos encuentros sexuales casuales y salvajes. NUNCA SE DAN.

Por otra parte, al PUTO o PUTA, con el cual usted SI debe tener algo, es aquel que come callado. Cuando esta de plan fácil, sabe como actuar, lo arrincona en la esquina mas oscura del sitio, y saca esa PUTA o PUTO que tiene adentro. Manoseo, besuqueada y guarradas al oído, son el complemento perfecto, con que estos PUTOS o PUTAS tienden a rematar sus artilugios amorosos.

Estas PUTAS o PUTOS, son perfecto para el plan todero. No tienden a volverse recatados con su sexualidad, y abiertamente incitan a tener relaciones en los lugares más extraños. Ascensores, cines, baños, parqueaderos, misas, primeras comuniones, cumpleaños, oficina…… Además puedo decirlo por experiencia propia, que estos PUTOS o PUTAS, son lo mas fieles y comprometidos con las relaciones amorosas. Eso si, siempre y cuando usted no de papaya o se ponga de romántico; dedicando canciones de Ricardo Montaner, Cristina en los Subterráneos, o regalando rosas todos los meses. Recuerde que para el PUTO o PUTA, usted es simplemente un escalón mas, en su larga travesía sexual. Así que no le meta mucha cabeza y disfrute.

Es por estas razones, que insisto y recalco que las prefiero PUTAS, por que para ser completamente sincero, las mojigatas buenas novias me cansaron. Además, nada mas romántico e idílico que levantarse todas las mañanas con su pareja, mirarla a la cara, besarla apasionadamente, y mirándola a los ojos fijamente decirle

“COMO TE AMO……. PUTA“